La gestión de cafetería de la Facultad ha cambiado. Ya no la lleva Juli, a quien vamos a echar de menos por su simpatía, amabilidad y buen saber hacer. Ahora el responsable es Tino, un viejo conocido de todos los que hemos trabajado en el edificio central, porque es el encargado de la cafetería de la calle Compañía.
La inmensa suerte que tenemos es que siguen con nosotros las dos principales caras: Carmen y Sonsoles.
Uno de los principales cambios es que el café para llevar tiene tapa, lo cual es una ventaja para no derramarlo y se parece a los envases de las películas o series policiacas en las que los agentes están todo el día bebiendo café (será por eso que resuelven el caso rápidamente, digo yo).
Otro cambio es la incorporación de una cocinera, que desde luego tiene mano con los cacharros, como se pudo comprobar con unas ricas lentejas. ¡Que siga así!
La cafetería es un sitio muy importante, no solo porque se descanse de vez en cuando y se repongan fuerzas, sino porque también se realizan muchas reuniones, tanto de alumnos como de docentes. Por suerte, está prohibido fumar en estos recintos cerrados y es más agradable estar en ella.
Lo que todos deseamos, y estamos seguros de que así será, es que la cafetería mantenga el buen nivel que ha tenido durante estos once años y que Tino imprime en la cafetería del central desde el siglo pasado. Carmen, Sonsoles y el nuevo equipo lo harán muy bien. ¡Bienvenidos!
sábado, 14 de enero de 2012
viernes, 13 de enero de 2012
¿Cuánta información hay que dar al encargar un trabajo?
El título de este comentario viene motivado por dos anécdotas. Vamos con la primera.
Antes de las vacaciones de Navidad encargué a los alumnos de primero de Periodismo un trabajo. Consistía en analizar la estructura de 20 noticias: cómo estaban redactados los titulares, cómo se planteaban las entradillas, cómo presentaban los datos en el cuerpo del texto. Debían entregar los análisis el primer día de clase común, es decir, el lunes día 9.
Como siempre ha habido personas que no lo han entregado el día señalado. Las excusas, las habituales: "Mi avión se ha retrasado"; "El autobús desde XXX me ha perdido la maleta con el trabajo"... Bueno, nada que no se pueda resolver.
Ahora bien, lo que más me ha impresionado es que algunos alumnos hayan entregado su trabajo escrito a mano. Es verdad que cuando encargué esta actividad no lo especifiqué, porque me parece que es obvio que un universitario -y más en la era de los ordenadores- debe entregar sus trabajos -salvo que se especifique lo contrario- escritos con ordenador. Han sido tres o cuatro, pero no deja de sorprenderme.
Vamos con la segunda anécdota.
En la clase de grupo a la que acuden todos los alumnos de segundo de Periodismo les expliqué una práctica que debían realizar: una entrevista a una persona del lugar donde fueran a pasar las vacaciones de Navidad. La debían traer escrita en word para después encajarla en la maqueta establecida a tal efecto en los seminarios. Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando algunos alumnos (pocos, la verdad) han pensado que como había dado las explicaciones en un grupo en el que estaban todos iban a realizar el trabajo en ese mismo espacio: ¿cómo? si no hay ordenadores, estos solo están en las aulas destinadas para los seminarios.
No es muy grave, porque en vez de editar la entrevista esta semana lo harán la próxima y problema resuelto.
Ahora bien, vuelve a asaltarme la duda: ¿cuánta información hay que indicar al encargar un trabajo?
Antes de las vacaciones de Navidad encargué a los alumnos de primero de Periodismo un trabajo. Consistía en analizar la estructura de 20 noticias: cómo estaban redactados los titulares, cómo se planteaban las entradillas, cómo presentaban los datos en el cuerpo del texto. Debían entregar los análisis el primer día de clase común, es decir, el lunes día 9.
Como siempre ha habido personas que no lo han entregado el día señalado. Las excusas, las habituales: "Mi avión se ha retrasado"; "El autobús desde XXX me ha perdido la maleta con el trabajo"... Bueno, nada que no se pueda resolver.
Ahora bien, lo que más me ha impresionado es que algunos alumnos hayan entregado su trabajo escrito a mano. Es verdad que cuando encargué esta actividad no lo especifiqué, porque me parece que es obvio que un universitario -y más en la era de los ordenadores- debe entregar sus trabajos -salvo que se especifique lo contrario- escritos con ordenador. Han sido tres o cuatro, pero no deja de sorprenderme.
Vamos con la segunda anécdota.
En la clase de grupo a la que acuden todos los alumnos de segundo de Periodismo les expliqué una práctica que debían realizar: una entrevista a una persona del lugar donde fueran a pasar las vacaciones de Navidad. La debían traer escrita en word para después encajarla en la maqueta establecida a tal efecto en los seminarios. Mi sorpresa ha sido mayúscula cuando algunos alumnos (pocos, la verdad) han pensado que como había dado las explicaciones en un grupo en el que estaban todos iban a realizar el trabajo en ese mismo espacio: ¿cómo? si no hay ordenadores, estos solo están en las aulas destinadas para los seminarios.
No es muy grave, porque en vez de editar la entrevista esta semana lo harán la próxima y problema resuelto.
Ahora bien, vuelve a asaltarme la duda: ¿cuánta información hay que indicar al encargar un trabajo?
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