He ido a la biblioteca. Pensé que estaría abarrotada, pero solo una decena de estudiantes calentaba los asientos. Era un día de pocos exámenes, por lo que pensaba que encontraría más alumnos preparando los de los próximos días. De hecho, estos futuros profesionales reclaman que la biblioteca esté disponible los sábados y los domingos. Uno de los chavales que andaba por allí leía el periódico. La verdad es que le conozco y es poco estudioso, pero siempre está leyendo la prensa o hablando de periodismo.
Cada alumno tiene sus manías a la hora de estudiar. Una usaba tapones en los oídos, otra subrayaba todo, un tercero solo tenía los folios de apuntes (sin bolígrafos ni nada), cada vez hay más que estudian con ordenadores, ya que toman los apuntes en clase con el ordenador (sobre este tema escribiré otro día).
Una escena muy divertida se produce en la antesala de la biblioteca. Siempre hay dos o tres personas hablando por teléfono (¡no quiero ni imaginarme el presupuesto que pagan estos jóvenes!). Los hechos son más o menos así. Un alumno sale a paso rápido, casi a la carrera, de la biblioteca. Uno de los puños lo lleva cerrado, y dentro de él está el teléfono. Cuando pasa la puerta, contesta. Las chicas suelen hablar sentadas o quietas; los chicos pasean mientras conversan (no es una ley universal, eh).
Que estamos en época de exámenes también se refleja en que no hay grupos de alumnos realizando trabajos. Las mesas que están distribuidas por la Facultad para que ellos puedan trabajar están vacías. Ahora es el momento de la respuesta individual.
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Fernando, deberías poner una puntillita: en la biblioteca de la facultad no hay aire acondicionado y aquello parece más un invernadero de sustancias nocivas que una biblioteca. jeje. Me gusta el post!
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